El pico de la innovación

LCD Grin: el posible futuro de las series, películas y la interfaz gráfica de tu Smartphone

Eduardo Arcos Writer

Tengo la firme convicción que una de las características fundamentales para que una tecnología triunfe es el esfuerzo que sus desarrolladores ponen en hacerla invisible, es decir, hacer que la tecnología no parezca tecnología, que no se ponga entre la persona y lo que intenta lograr, sea el ejecutar una tarea, simplemente buscar entretenimiento o el casi infinito número de cosas que se pueden hacer con las herramientas tecnológicas de nuestra época.

El papel es probablemente uno de los mejores ejemplos de tecnología invisible: está ahí siempre, se ha vuelvo esencial en nuestra vida pero la interacción no es con el papel en sí mismo sino con la información que transporta. Y en caso que lo hagamos suele ser como soporte generar nuevos datos, es decir, lo que escribimos o dibujamos. El papel, como tal, no es importante, lo que importa es la información que soporta o transporta.

El largo camino de la tecnología 3D
Menciono esto, en relación a una de las tecnologías que con más insistencia se ha intentado popularizar, sin total éxito aún: el 3D. Considerando que el primer largometraje tridimensional se mostró en 1922 (The Power of Love) ha sido un esfuerzo larguísimo que no termina de asentarse. Durante los 80s vimos el regreso del cine en tres dimensiones, Avatar a finales de 2010 lo intentó nuevamente y todos los fabricantes de TVs hicieron implantaron tecnologías para ver este tipo de contenidos en nuestras propias casas. Aún así, aquí estamos en un mundo que aún prefiere las dos dimensiones.

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Esto sucede en gran parte porque se trata de una tecnología “poco invisible”. Requiere que te pongas gafas para simular el efecto en tres dimensiones, generando molestias y la sensación de hacer el ridículo. Hace falta buscarlas, en el cine a veces hay que comprarlas, pero en definitiva, si para ver películas en 2D no hacen falta accesorios extra, ¿por qué para las que están en 3D sí?

Es por eso que la adopción del 3D se ha reducido a partir de 2011 aún con los impulsos de la industria de contenidos como la de fabricantes de hardware. Pero una nueva tecnología eliminaría parte de las barreras que causan esta falta de adopción.

Se llama LCD GRIN (Gradient Index Lens) y permite ver contenidos en tres dimensiones sin la necesidad de gafas o accesorios extra. No es una propuesta, ni está en fase beta, Toshiba tiene ya en producción monitores de 15 pulgadas que muestra imágenes en 4K si está en dos dimensiones y en HD si son tridimensionales.

Inicialmente se intenta llegar al mercado profesional donde se requiere la visualización de elementos en tres dimensiones de forma inmediata pero las posibilidades son mucho más grandes.

De popularizarse la tecnología tendríamos acceso a un método en el cual los desarrolladores pueden mostrar diferentes capas de un sistema operativo en tres dimensiones y sobre todo darle profundidad a las interfaces gráficas que pueden resultar en una manera nueva y totalmente diferente de interactuar con nuestro sistema operativo.

Por otro lado los videojuegos podrían beneficiarse de una tecnología de 3D que no requiere gafas, especialmente considerando que el LCD GRIN permite mostrar 3D en algunas partes del monitor y 2D en otras. Una tecnología así generaría mucho más realismo, y dar una experiencia muchísimo más envolvente al jugador. Mi experiencia con juegos en 3D es que aunque al principio es sumamente interesante pasadas unas horas solo quieres volver a las dos dimensiones de siempre, pasando de dolores de cabeza o molestias en la cara por culpa de las gafas.

Pero donde puede ser particularmente especial el LCD GRIN es en dispositivos móviles. Una vez retirado el obstáculo de las gafas 3D creo que sería sumamente interesante la posibilidad de visualizar información y contenido tridimensional desde una tablet, no se diga una smartphone.

Imagina por un momento el tener una nueva dimensión de profundidad en tu smartphone o tablet, sin ningún tipo de esfuerzo, sin necesidad de hacer configuraciones o sin tener que ver imágenes a muy baja resolución. Imagina los nuevos grados de interacción que se pueden conseguir al tener una nueva dimensión.

Ahora solo toca esperar que los consumidores se vean interesados por este tipo de contenidos y los productores y diseñadores empiecen a hacer películas donde el 3D tenga un significado real y no sea simplemente relleno para compensar.

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