El pico de la innovación

La ciencia que sustenta la risa y qué es lo que nos causa gracia

Ilya Leybovich Writer, KBS

Nuevas investigaciones científicas y tecnologías sofisticadas revelan las posibilidades y los propósitos más profundos del humor. 

El comediante Mitch Hedberg una vez observó que los teatros de comedia a menudo ponen a los comediantes delante de un fondo de ladrillos, y que por eso él se vuelve muy gracioso cada vez que se para cerca de una chimenea.

Aunque no resulte gracioso, ese chiste nos dirige a una pregunta interesante: si los ladrillos no hacen que algo sea gracioso, ¿qué es lo que sí lo hace?

El humor puede ser el agente aglutinante más poderoso del mundo. Construye un sentido de comunidad mediante la alegría compartida, les recuerda a las personas que tienen un terreno en común y las inspira para que se interconecten de maneras significativas y frívolas.

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“Una mañana, le disparé a un elefante que tenía puesto mi pijama. Cómo se puso mi pijama, nunca lo sabré.” – Groucho Marx

La capacidad de comprender un chiste refleja las características más esenciales del cerebro humano. ¿Qué es exactamente un chiste? Según el neurocientífico cognitivo Scott Weems, autor de “Ja: La ciencia de cuándo reímos y por qué”, un chiste es una vía lateral, un desvío no planificado en nuestro camino hacia un destino.

“A menudo usamos una analogía informática según la cual el cerebro es como un sistema de entradas y salidas, pero es mucho más complejo que eso”, le dijo Weems a iQ.

“El cerebro no es un procesador lineal que soluciona los problemas yendo de A a B y luego a C. El cerebro es muy bueno para tomar salidas equivocadas, y eso es, en esencia, el humor”.

Expresó que lo gracioso sucede cuando un desenlace es diferente al esperado.

Lo mismo ocurre en otras actividades. Cuando leemos, ya estamos pensando en cuál será la palabra siguiente antes de llegar a ella, y en situaciones sociales creamos predicciones subconscientes de corto plazo de cómo se comportarán los demás.

“Somos máquinas creadoras de expectativas que tratamos de estar un paso adelante del actual”, observó Weems. “Debido a que hacemos eso siempre, creamos el entorno perfecto para un chiste. Creamos una expectativa, y si esta no se cumple, o si se comprueba que es falsa, el cerebro comprende ese hecho con rapidez”.

Esa comprensión asume una forma química.

Cuando un chiste causa gracia, activa los centros de recompensa del cerebro produciendo dopamina y estimulando la actividad opiácea. Según Weems, la comprensión de un chiste provoca la misma respuesta física que la resolución de un problema: recibimos una recompensa por descifrar algo.

Esos efectos neuronales se intensifican si uno mismo es el que hace el chiste. Ori Amir, investigador de la Universidad de California del Sur, realizó uno de los primeros estudios funcionales por imágenes de resonancia magnética que analizaron el cerebro durante la creación humorística activa.

A los fines del estudio, los participantes escribieron leyendas para una serie de imágenes. Los resultados indicaron que la actividad de los centros de recompensa era mayor y se activaba antes cuando las personas escribían leyendas más graciosas.

“En el caso de las regiones de placer, le da una base neurológica al dicho común de entrenamiento para la comedia: ‘Diviértete y serás más divertido’”, le dijo Amir a iQ.

Una parte fundamental del estudio de esa universidad consistió en comparar la actividad cerebral de los comediantes con la de las personas comunes durante la redacción de los chistes. Los resultados mostraron que los cerebros de los cómicos profesionales, en realidad, funcionan de una manera diferente a los de la población en general.

“Los comediantes profesionales tienen una mayor actividad en regiones de asociación temporal al generar chistes, pero menos actividad en la corteza prefrontal medial, lo que sugiere que se basan más en el flujo orgánico de las asociaciones para encontrar lo gracioso”, explicó Amir.

Algo interesante descubierto en la investigación de Amir es que las regiones de recompensa del cerebro de los comediantes se activan con menos potencia que las de los no comediantes. El investigador señaló que para esto hay dos explicaciones posibles: o bien los comediantes son un poco más depresivos con respecto a sus chistes, o bien sus cerebros no necesitan una señal tan poderosa para generar algo gracioso.

La próxima vez que necesite un energizante, intente escribir un chiste en lugar de ir al bar.

“El peor momento para tener un ataque cardíaco es mientras se juega a ‘dígalo con mímica’”. – Demetri Martin

La comprensión del humor conlleva mucho más que nuestra química interna. Cumple un poderoso objetivo social y evolutivo que ayuda a guiar el desarrollo de las relaciones humanas de innumerables maneras.

El Dr. Tim Miles de la Universidad de Loughborough, que investiga la fenomenología (estudio de la experiencia y la consciencia) de las actuaciones de comedia desde hace años, afirmó que el hecho de experimentar la comedia es una actividad inherentemente comunitaria.

“Nos reímos con una frecuencia que es unas 30 veces mayor en compañía que cuando estamos solos, y cuando nos reímos solos, a menudo imaginamos que nos reímos con alguien más”, destacó Miles.

“Para ser más específico, [el humor] funciona como una señal de las relaciones humanas. Reímos principalmente por razones sociales. Reímos cuando queremos sentirnos aceptados en un grupo o atraer o gustarles a las personas”.

En un estudio de veinte mil usuarios de la plataforma de citas eHarmony, se observó que el buen sentido del humor era el criterio más importante para los hombres y las mujeres que buscaban pareja.

Por supuesto que hay una explicación biológica para el gran atractivo que tiene la risa.

Miles explicó que la respuesta está en la psicología evolutiva.

La capacidad de reírnos de algo muestra que somos buenos para detectar incongruencias. Ese es un signo de inteligencia, que es atractiva para las parejas potenciales porque indica una mayor aptitud para cuidar a nuestros hijos y transmitirles esa astucia. Demostrar sentido del humor es como presentarse a una audición para una cita… o un matrimonio.

La risa también cumple un rol fundamental en la formación de los grupos.

Las personas que se ríen juntas interpretan que no se desean nada malo entre sí, y las uniones internas se refuerzan cuando los miembros de un grupo pueden reírse de quienes no pertenecen a él.

“En general, esto sirve para romper el hielo en los grupos, unirlos y ayudar a las personas a relajarse y sentirse aceptadas. Ayuda a aliviar la tensión y crea jerarquías”, explicó Miles.

“Uno observa que las bromas son importantes en las unidades militares, los equipos médicos y cualquier grupo que requiera altos niveles de confianza y trabajo en equipo”.

¿Cuántos programadores se necesitan para cambiar una bombilla de luz? Ninguno. Ese problema es de hardware.

Dados los procesos neurológicos complejos involucrados en la creación y comprensión de los chistes, así como los orígenes del humor en la biología evolutiva, la comedia parece ser un fenómeno exclusivamente humano.

Sin embargo, ¿podremos alguna vez enseñarle a una computadora a tener sentido del humor?

“Las computadoras tienen dificultades para reconocer los chistes porque ello requiere mucha consciencia social, conocimiento del mundo e inteligencia contextual que aún no tienen”, expresó Weems.

“No obstante, las supercomputadoras se están acercando a la comprensión de contextos más amplios.”

Weems cree que una computadora que realmente “comprendiera” la comedia sería el primer ejemplo real de inteligencia artificial.

“Cuando desarrollemos una computadora que pueda contar chistes y comprenderlos, habremos creado una máquina verdaderamente inteligente. Y no estamos tan lejos de eso”, destacó.

“Creo que la capacidad de comprender un chiste sería una excelente prueba de Turing”.

Según Weems, los científicos informáticos históricamente intentaron programar máquinas para que reconocieran las reglas del humor, aunque el humor no tiene reglas. La respuesta podría ser la independencia y no las pautas prescriptivas.

“Cuando se obtiene un estilo de aprendizaje de redes neuronales, los resultados son mucho mejores”, explicó Weems. “Los programas de aprendizaje no supervisados dejan que las computadoras descubran sin ayuda qué es lo que constituye un chiste, y ese nivel de comprensión es más eficaz. La clave es dejar que las computadoras aprendan solas qué es la comedia”.

 

Fotos de Shutterstock.

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