Educación

En última instancia, ¿los niños tienen que aprender a programar?

Proyectos, juguetes y escuelas han incentivado la enseñanza de la programación al público infantil y juvenil. ¿Hasta qué punto deben estar involucrados en esta revolución tecnológica?

En el tradicional Colegio Bandeirantes, una clase optativa reúne una docena de alumnos. La asignatura no involucra geografía, matemáticas ni portugués: los alumnos del 8° año de enseñanza básica observan un tablero con cartas con imágenes de los personajes del videojuego Plants vs Zombies. La idea es que aprendan los conceptos de repeat o loop, if y else, puesto que el reto de los alumnos es escribir los códigos más pequeños posibles. La clase forma parte de la oficina Game Studio: Creación y programación de juegos digitales, impartida por Tiago Eugênio, profesor del Bandeirantes, colegio que sigue la tendencia de enseñanza del lenguaje de programación para niños.

Para Eugênio, la programación debe encararse como un idioma igual al inglés o el español. “Existen reglas específicas en el portugués, el español o el inglés, al igual que en el HTML, CSS, Java Script y en los diferentes lenguajes de bloques como Scratch y Google Blockly”, dice. El método del profesor del Bandeirantes se perfeccionó en estos últimos años, pero resalta la importancia de comenzar las clases sin involucrar la computadora. “Observé este año lo importante que es introducir el asunto a partir de actividades analógicas en vez de comenzar directamente en la computadora o con ejercicios teóricos de lógica”, cuenta.

Eugênio defiende la enseñanza de la programación en los colegios, pero de una forma diferente de la enseñanza de otras disciplinas. Para el profesor, es contraproducente tratar el lenguaje de programación como una disciplina encapsulada. “Motiva mucho más utilizarla para resolver un problema matemático o para programar una escena en la cual los personajes discuten hechos o rumores sobre la Revolución francesa, o incluso, que se utilice para crear una imagen con un artrópodo camuflado”, ejemplifica.

Además de la iniciativa del Bandeirantes, hay escuelas especializadas en enseñar ciencias computacionales a los niños. Una de ellas es MadCode, situada en São Paulo. Uno de sus fundadores es Daniel Cleffi, exfuncionario de Microsoft, quien viajó a Silicon Valley para estudiar las posibilidades en el sector. En el 2014, fundó MadCode, que reúne alumnos que van desde los cinco a los 17 años de edad.

Cleffi enfatiza la forma en que la programación debe ser encarada en el sistema educativo. “Si yo fuese el ministro de educación, pondría la programación como disciplina. ¿Por qué la geografía es más importante que la programación?”, indaga. Para Cleffi, los niños que no tuvieran acceso al asunto podrían convertirse en rehenes de la tecnología y perder la oportunidad de agudizar su potencial de resolución de problemas y de producción en el futuro.

En MadCode, existe todo un proyecto curricular para niños y adolescentes. “Comienza con una alfabetización digital y a lo largo de los años existe un camino que debe recorrerse”, explica. En la escuela, hay un parteaguas para los niños: a partir de los siete años cuando el niño está alfabetizado. “Hasta esa edad, tenemos un curso y se centra en la inserción tecnológica y el aprendizaje de la lógica”, cuenta el ejecutivo.

MadCode trabaja con la planificación en función de la edad del niño para enseñar programación
MadCode trabaja con la planificación en función de la edad del niño para enseñar programación

Cleffi también ejemplifica citando varias aplicaciones que nacieron en el curso: un Uber de ONG, que muestra cuales son las ONG que están cerca de la persona, una aplicación para denunciar la violencia contra la mujer, una aplicación relacionada con el reciclaje y otra para economizar el agua en casa. Todas con códigos escritos por los alumnos.

MadCode no está sola en el mercado. A partir de agosto de este año, algunas salas del Jardim Europa, en São Paulo, reunirán grupos de niños dispuestos a aprender programación en la Let’s Code Academy, escuela que acaba de llegar a la capital paulista y que ofrecerá más de 20 cursos para niños y adolescentes. La iniciativa es de Omar Pavel, CEO de Interactive Media Dream y uno de los cofundadores de la escuela. “Al principio nos centraremos en niños y adolescentes”, explica. Son tres salas de clase con capacidad para 15 alumnos cada una. Las clases empezarán a finales de agosto, pero las inscripciones ya están abiertas. Un curso con 16 clases de 1 h 30 min cada una, tiene un valor de R 1200 en promedio.

La idea de Pavel es que la Let’s Code Academy se convierta en una franquicia, con varias escuelas esparcidas por la ciudad, y quizá también por Brasil. En relación con la integración de la programación como disciplina, Pavel cree que debe existir por lo menos una noción del asunto de las escuelas. “Estudié en Italia hace 20 años y ya había clases de programación en la escuela. Fue mi primera oportunidad y fue bueno descubrir que tenía aptitudes para el tema”, explica. Omar cuenta que parte de las clases utilizan Code.org, una plataforma que ofrece cursos gratuitos a quien quiera usarla. Code.org es uno de los mayores incentivadores de la democratización de la enseñanza de la programación.

Eugênio también usa los cursos de Code en sus clases en Bandeirantes. “La facilidad de creación de clases virtuales, inscripción de los alumnos y distribución de contraseñas es otra característica que marca Code.org como una de las iniciativas educativas más significativas en el área de enseñanza de programación”, explica.

Let’s code de programación para niños y adolescentes en SP.
Let’s code de programación para niños y adolescentes en SP.

Otras iniciativas para que los niños programen

Mientras Brasil vive de algunas iniciativas y escuelas aisladas, algunos países ya se adaptan para democratizar totalmente el llamado “idioma del futuro”. La programación ya forma parte del programa curricular de las escuelas públicas de Inglaterra desde el 2014. Ese mismo año, parte de las escuelas infantiles de los Estados Unidos hicieron de la programación una disciplina. En Estonia, esto ya ha venido sucediendo desde el 2012, mientras que en Australia se comenzaron a sustituir disciplinas como historia y geografía por programación en el 2015.

Además de las iniciativas del gobierno, varias empresas se han dedicado a ese nicho de mercado. Además de la existencia de magníficos sitios destinados al aprendizaje de lenguajes de programación, como los ya descritos Code.org, Code Academy, Programaê, entre otros, varias empresas se han mostrado a favor del tema. Recientemente, Google lanzó su proyecto Bloks, que se centra en incentivar la programación para niños.

Además de Google, hay varios juguetes y robots que buscan facilitar el aprendizaje en niños y jóvenes de las ciencias computacionales.

Uno de estos productos es Cubetto, un juguete de la start-up Primo, que fue financiado por Kickstarter y recaudó más de USD 1.5 millones en el proyecto. Cubetto funciona con una mesa en la que es posible encajar piezas que le dan rumbo al juguete: hacia la derecha, hacia la izquierda, para atrás o para adelante. El niño coloca las piezas y el robot ejecuta el movimiento en un mapa. El gadget está destinado a los pequeños a partir de los tres años.

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Cubetto sigue el tipo de aprendizaje defendido por Eugênio y Cleffi: la lógica analógica, sin necesidad de una computadora, por lo menos para los niños más pequeños. “No hay nada de malo en ir directamente a lo digital, pero no es tan divertido, y como no es tan divertido el niño no internaliza y no aprende la lógica igual de bien”, dice Fillipo Yacom, de Primo, a la revista Wired.

Otra reciente iniciativa que busca aumentar el interés juvenil en la computación fue Root, un robot que funciona de forma parecida a Cubetto. Creado por la universidad de Harvard, el gadget también depende de los comandos de los niños para su locomoción sobre una superficie, solo que sus movimientos están definidos en una tablet y no en una mesa como el Cubetto. “La mayoría de estos juguetes rescatan los principios del lenguaje de programación conocido como Logo, de Seymour Pappert, que es simple y altamente recomendable para introducir a los niños a los principios de la lógica computacional”, explica.

Las ideas no se detienen ahí: Carlos Bueno es programador de Facebook y creó un libro para introducir a los niños de 5 a 12 años a la computación. Llamado Lauren Ipsum es un cuento de hadas que utiliza la lógica para hablar sobre programación.

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